CON SABOR A CASTAÑA En Ourense es otoño cuando madura el fruto de los erizos en los soutos próximos. En Vilar das Tres o en Cudeiro, que t...
CON SABOR A CASTAÑA
En Ourense es otoño cuando madura el fruto de los erizos en los soutos próximos. En Vilar das Tres o en Cudeiro, que tiene un Souto de Rei. En Velle o en Rivela, que son las ribeiras del Miño. En Seixalvo, empedrado y rural. En Castadón, donde nació el libertador vigués Cachamuiña. O en Mariñamansa, camino ya de Celanova, donde Blancoamor inició su Esmorga. Como en todas partes los árboles cantan su bienvenida al otoño, pero son los castiñeiros de los soutos próximos los únicos que tienen geometría propia.
Es por el San Martiño, cuando da el erizo su salto definitivo desde el castiñeiro. Entonces, ve la luz la castaña, el fruto de oro.
Y otra vez el fuego recompone la rigidez de las esotéricas formas mágicas de la tierra. Vuelve a oler a brasa de magosto en los miradores que circundan la ciudad y en sus parques y plazas a carro de castañero urbano.
Comer castañas es el rito repetido de cada otoño ourensano y forma parte de la cultura más tradicional de la ciudad y de la provincia.
Mi abuela siempre me incitaba a comer castañas hervidas la “noche de difuntos” porque decía…
—– Por cada castaña que comas liberarás a un alma de las llamas del purgatorio e incluso del infierno.
Y mi niño-yo, a pesar de que no le gustaba nada aquella cena, comía un montón de castañas hervidas en leche, plato de gran alimento en aquellos tiempos en los que no se había inventado el yogur.
XERARDO RODRÍGUEZ