DEJAD EN PAZ AL LOBO




La semana pasada, el Congreso de los Diputados aprobó un cambio legislativo que levanta la hasta ahora vigente protección del lobo al norte del río Duero y el gobierno autonómico gallego prepara una nueva norma para controlar cómo, dónde, quién y en qué condiciones se podrá disparar contra el animal mas bello y salvaje que puedes admirar en nuestros montes. En mis andanzas por su hábitat me lo he cruzado varias veces en mi vida, incluso en la sierra de San Mamede he visto y fotografiado a una manada. El lobo siempre pasó de mí olímpicamente porque por aquel entonces tenía abundante comida. Si ahora busca alimento fuera de su zona de caza y ataca al ganado es porque ha disminuido notoriamente la población de corzos y ciervos que antes abundaban en las montañas. En la actualidad se alimenta primordialmente de jabalíes jóvenes, contribuyendo al equilibrio ecológico. Esperemos que la Xunta no convierta al lobo en una especie cinegética, no vaya a ser. Dejémosle en paz en tanto no se convierta en una amenaza para la cabaña ganadera, que por el momento no lo es.

PARA EL JOVEN ANDREAS VIVIR ERA VOLAR


Hace ya una década que, en un acto suicida, Andreas Lubitz, copiloto del vuelo 4U9525 de la compañía alemana Germanwings entre Barcelona y Düsseldorf, estrelló un Airbus A320 en los Alpes franceses, causando 149 víctimas, a las que recordaron el pasado lunes unas 400 personas congregadas en el pueblo de Le Vernet, el más próximo al lugar de la tragedia.
A lo largo de la historia de la aviación sufrimos accidentes con muchas más víctimas… pero ninguno, quizás, haya resultado tan cruel como este, provocado por un joven piloto cuya vida giraba en torno a su pasión por volar, pero su cerebro no le respondía por ser víctima de una enfermedad terrible.
Puede que muchos de vosotros no os expliquéis como esa pasión desató los demonios de su cabeza y estos le llevaron a buscar la muerte en la montaña que sobrevolaba a menudo, incluso en su tiempo libre, para sentir el inmenso placer de las aves, al que se asemeja mucho el vuelo sin motor. Para él… vivir era volar y las otras pequeñas alegrías de su vida giraban en torno a esta pasión de sentirse libre trazando su propio rumbo por encima de las montañas más altas de Europa.
Cientos de jóvenes que empiezan a volar en un pequeño aparato de cualquier aeroclub sienten esas mismas sensaciones de libertad. Aunque la mayoría vuela por deporte, la pasión que despierta la aviación es la misma y yo pude sentirla durante años… hasta que me di cuenta de que volar no podía sustituir a mi familia, a mis amigos y al resto de mi gente. Aún ahora, de cuando en vez, mirando al cielo, mis pensamientos me trasladan a aquellos días en los que desde el aire descubrí algunos de los lugares más emblemáticos de mi país.
Lo dice todo el mundo y yo insisto: el avión es el medio de transporte más seguro del mundo; mi instructor de vuelo, el gran Mera, me repetía a menudo:
—– Os avións non caen… ¡Tíranos!



Realmente así fue en este caso. Lo “tiró” Andreas Lubitz, el copiloto que supo que nunca llegaría a comandante porque su enfermedad le cortaría las alas. No pensó en ningún momento que destrozaría la vida de 149 familias. Él solo quiso iniciar un vuelo al Mas Allá… donde dice el cura de mi pueblo que ya no hay enfermedades.
Al joven Andreas le ocurrió lo qué a cualquier ser humano, sea piloto o no, puede ocurrirle mañana…
—– Enfermar da cabeza…
Por eso os pido que no carguemos las tintas sobre un enfermo y repartamos culpas con aquellos que debieran haber analizado sus comportamientos en días anteriores y esos otros que no son capaces de controlar el estado médico de sus pilotos.
A raíz de esta tragedia, la industria aérea ha impuesto la obligación de que haya dos personas en la cabina en todo momento, ha mejorado el seguimiento psicológico y médico de los pilotos y ha introducido mejores sistemas de prevención y detección.
En marzo de 2022, la justicia francesa sobreseyó la investigación sobre el accidente, al considerar imprevisible el acto «suicida» del joven copiloto.

LA VIEJA SOBREIRA HERIDA


Mil años le pasaron por encima a la sobreira de Santiorxo (A Pobra de Brollón), uno de los árboles más emblemáticos de Galicia y ahí seguía, rufa y sana pese a su longevidad siendo testigo mudo de los siglos. Hasta que la borrasca “Martinho” trajo vientos huracanados a este hermoso paraje de la Ribeira Sacra lucense para herir a uno de los monumentos ecológicos más visitados del país. La sobreira aguantó lo que pudo, pero no evitó que el enorme tronco se partiese en dos, cambiando así su estética. Aunque con nuevo aspecto, sigue viva y causando la admiración de propios y extraños.

Xerardo Rodríguez